sábado, mayo 29, 2004

Hoy no tengo sueño

Y he decidido que, puesto que la chica para la que escribo no lee el blog puedo poner sin miedo un par de sonetos que he escrito para ella. Sin duda merece esto y mil cosas más. Espero que os gusten.


Puesto que aquí no lees

Puesto que aquí no lees preciosa dama
puedo por ello escribir despacio
los rojos pensamientos, cual topacio,
que extraigo de la mina de mi cama.

Pensamiento que mira al cielo y clama
de ese corazón tener espacio.
De ese mismo que pinta tan reacio
a oir al mío propio, que lo llama.

Amor, cosa de dos, es cosa justa.
Mas justamente piensa lo contrario
justo el castigado por tu fusta.

La fusta del silencio solitario
Mi amor, este final nada me gusta,
mas llego del soneto al corolario.


Añadiré pues otro a este diario
En boca la palabra no me gusta.
Me importa muy muy poco si no ajusta.
Las reglas son marinos, yo corsario.

Continúo mi escrito itinerario:
Frío me golpea el silencio y me asusta.
Tu dulce cara torna pronto adusta
y de la pena me hace un presidiario.

Tu sonrisa me saca de ese aprieto.
A la tormenta sigue la bonanza.
Tu felicidad es mi sueño y mi reto.

Dama del sur, de preciosa crianza,
Por tí terminaré este tu soneto.
Y lo terminaré con esperanza.

viernes, mayo 28, 2004

Ahora no me apetece escribir

Ahora no me apetece escribir,
mas inquietos mis dedos cosquillean.
Palabras susurrantes hormiguean
por mis venas, pugnando por salir.

Nada quiero con esto conseguir.
¿Que si en mi cielo las nubes clarean?
Al contrario. A muerte ellas pelean.
Pero a nada lo puedo traducir.

Quiero llamarte, hablarte, sentirte,
tocarte, darte un beso apasionado,
acariciarte el pelo, conseguirte.

Todas palabras que otros han gastado.
Todas simplemente para decirte
que desde aquella noche te he amado.

lunes, mayo 24, 2004

Marchando una cerveza y unos calamares

Siento la espera, pero es que la camarera es una mujer de compromisos mil y ha tardado en llegar ;)
Espero que os guste.


sábado, mayo 22, 2004

Lenguaje Universal

A lo mejor es un poco exagerado tildar a una forma de comunicación de "Lenguaje Universal". La verdad es que no me sorprende tampoco. A lo largo de la historia las ideas, corrientes de pensamiento, conocimientos, libros, música, en definitiva todo aquello que en un determinado momento ha tenido la opotunidad de ser puesto en duda y/o de generar debates, también ha tenido la oportunidad de convertirse en Universal, si su estructura soporta bien los embates de la crítica y su calidad hace que un generoso número de personas la adopte como tal.

Confieso que, aunque incorrecta, la utilización que se hace del término "universal" en este orden de cosas no me disgusta. Es simplemente una nueva muestra del egoismo natural del ser humano, contento de saber que el universo es solamente lo que ve, intuye o imagina, y que la existencia de algo que caiga fuera de ese ámbito es irrelevante, en caso de ser aceptada, que en muchos casos no lo es. Y yo voy a adoptar también esta forma de usar ese término.

Alguien me recordó hace poco el esquema de cualquier forma de comunicación. Si no recuerdo mal se componía del Emisor, del Receptor, del Canal y del Mensaje. Si alguno de estos elementos falta la comunicación no es posible. El emisor codifica el mensaje siguiendo las directrices del canal, y el receptor lo descodifica siguiendo esas mismas directrices. Es obvio pues que ambos, emisor y receptor, deben utilizar el mismo canal si aspiran a entenderse.

Me gusta este enfoque, sigamos por aquí.
Cualquier lenguaje hablado, actual o pasado, escrito, en cualquiera de sus variantes, utiliza su canal propio. Sin embargo, hay algo común a todos los estos lenguajes: castellano, inglés, francés, italiano, japonés, batua, sánscrito, esperanto, y tantos otros. Y es algo para lo que no tengo nombre. Pero, como siguiendo el esquema de comunicación descrito arriba, es necesario que ese "algo" tenga un nombre si aspiro a que el (espero que no demasiado) sufrido lector me entienda, vamos a bautizar a este vástago de mi pensamiento de una forma original: "supercanal".

Ahora voy a intentar describiros a este "supercanal", para ver si se puede llegar a alguna parte: Veamos... supongo que como característica principal tiene que se subdivide en múltiples canales, los cuales tienen en común la utilización de ciertas reglas. Estas reglas casi podría llamarlas "objetivos", o fines. Dejando aparte el hecho de perogrullo de que el objetivo de cualquier lenguaje es el de comunicar algo, creo que los arriba mencionados tienen dos objetivos comunes: designar los elementos percibidos del entorno y comunicar esquemas mentales completos, o ideas. Veamos un ejemplo:

Sujeto 1: "Las estrellas están preciosas esta noche".
Sujeta 1: "Sí, así es".

Los elementos percibidos por el sujeto 1 son, en principio, los siguientes: Sujeta 1, las estrellas y la noche. Ciñámonos a estos tres elementos y obviemos otros como el paisaje, la suave brisa de verano, y ciertas partes anatómicas de la sujeta 1 y vamos a definirlos.

Sujeta 1: Elemento hacia el que se manda el mensaje, y en última instancia, la razón de ser del mismo.
Estrellas: Variable, desde "luces que aparecen de noche" a "bolas de gas incandescente a millones de años luz de distancia".
Noche: Variable, desde "cuando no hay luz" a "estado de cierta región planetaria causado por la no incidencia de rayos solares en la misma".

Es evidente que el sujeto 1 ha aprendido a designar los elementos "estrella" y "noche", así como aquello que le hace "preciosa" a aquella, si ha conseguido construir la idea "Las estrellas están preciosas esta noche". Asímismo es evidente que espera que la sujeta 1 conozca igualmente estos elementos, o si no no se habría tomado la molestia de comunicar dicho esquema.

Bien. Pues aparte de la designación de los elementos del entorno están las ideas; las ideas, construcciones de múltiples ladrillos mentales con uno o varios objetivos variables. Siguiendo con el ejemplo de arriba, el sujeto 1 ha comunicado la idea "Las estrellas están preciosas esta noche" a la sujeta 1. El objetivo evidente de la misma es la de comunicar a la sujeta 1 la opinión del sujeto 1. Un posible objetivo secundario es el de comunicar un segundo mensaje, por ejemplo "Dios, eres preciosa. Te estaría besando toda la noche". Por ejemplo, por seguir siendo original.

Para la consecución del primer objetivo es necesario que la sujeta 1, aparte de conocer los elementos que componen "Las estrellas están preciosas esta noche", sepa hilvanarlos para construir ella un esquema similar. Si esto sucede así, efectivamente, la sujeta 1 sabrá que las estrellas le parecen preciosas esta noche al sujeto 1. Para la consecución del segundo objetivo, es decir, para comunicar el mensaje digamos "soterrado" de la cuestión, es necesario algo más de esfuerzo por parte de la sujeta 1. Por ejemplo, el haber estado en algunas fiestas erasmus o el poseer un conocimiento, no demasiado avanzado tampoco, de lo que buscan los chicos en general, debería bastar para dotar a la sujeta 1 del canal requerido, y por lo tanto para averiguar que, realmente, al sujeto 1 no le importan las estrellas lo más mínimo, y que lo que quiere es otra cosa. Dejémoslos aquí, enfrentados al problema, general por otra parte, de comunicarse convenientemente, y sigamos.

Este ejemplo de conversación podría haberse llevado a cabo en Parla, Reims, Cambridge, Maputo, Pekin o en el Atolón de Mururoa. Con las variantes propias de la región por supuesto. Los idiomas hablados tienen en común ese par de objetivos mencionados, y todos utilizan el mismo método para contruir las ideas. Son los canales utilizados por estos idiomas los que componen lo que yo llamo supercanal mental.

El supercanal de la mente requiere de la educación y se basa en la experiencia directa. Una persona no nace con el conocimiento necesario para utilizar un idioma hablado. Es por eso que, mediante aprendizaje, deberá aprender las reglas de comunicación dominantes en su entorno, no solamente en la forma de lenguaje materno o primario, sino en muchas otras menos tangibles, como por ejemplo, la capacidad de averiguar el estado de ánimo de la madre sin necesidad de palabras, o si realmente el tipo este es un apasionado de la astronomía, o solamente quiere juerga.

Todas las sociedades de la historia tienen, o han tenido su propio idioma, pero por muy grande que sea el entorno en el que se utilicen esos idiomas, (a pesar de que se diga por ejemplo que el inglés es universal), carecen de la característica que para mí dota a algo de universalidad: acercar algo al entendimiento de todo ser humano. Sin embargo sí hay algo que considero que es un lenguaje universal: la música.

Todas y cada una de esas mismas sociedades que han tenido su propio idioma, han tenido asímismo su propia música. Todos, sin excepción, aunque sea en algunos casos el simple ritmo de los tambores y las ásperas notas de una flauta de caña de bambú. Siempre me ha parecido curioso este hecho: sociedades diferentes, separadas por el espacio y por el tiempo, con prácticamente nada en común, y sin embargo todas poseen las siete notas que, como siete estrellas guían a cualquier esperanzado navegante, llevan al músico a través de los insondables abismos e incalcanzables firmamentos del Universo de la Música. Desde las estepas de Asia hasta los Altiplanos de los Andes; desde las praderas de América hasta los hielos de Groenlandia; desde la sabana donde el león ruge hasta las dulces islas del Pacífico, donde morenas manos capturan perlas.

La Música. La única construcción humana común. La única poesía cuya métrica cualquier persona puede entender.

Y, ¿por qué digo que la música es universal? El hecho de que haya estado en todas las sociedades de la historia no es del todo determinante, ciertamente.
Pues bien, digo que es universal, porque todas las melodías que se han hecho a lo largo de los miles de años de historia humana, todas ellas, utilizan el mismo supercanal, distinto al arriba mencionado canal mental: el canal emocional.

Cualquier idioma común se puede traducir a otros idiomas, pero la música no se puede traducir a nada. Es por eso por lo que creo que es universal. El autor puede, sin duda, haber tratado en enviar un mensaje a los oyentes de manera que intenta influir en sus sentimientos para potenciar unos u otros. Pero en última instancia no hay control alguno sobre el efecto que produce en el receptor. La música, sin ayuda de las palabras, puede ser portadora de sentimientos, pero no de pensamientos.

Todo esto yo lo traduzo de la siguente manera: la música es universal porque el canal que utiliza, los sentimientos, son asímismo universales. Los sentimientos son algo inherente al ser humano. La tristeza es universal, al igual que la alegría, la ilusión, la ira o la apatía. Los sentimientos tampoco son traducibles a palabras. Se puede intentar comunicar el efecto que tienen sobre el cuerpo o sobre la mente, pero el sentimiento en sí, es algo íntimo.

La música es el único lenguaje que comunica a ese nivel. Tal vez por eso la amo tanto. Todas las demás formas de comunicación que conozco utilizan el supercanal de la mente, usando la grandiosa herramienta de la palabra. Pero la música no tiene palabras que yo pueda identificar como tales. No las necesita. Es pura emoción.

Me pondría a hablar sobre música y seguramente no terminaría. Pero, aunque se puedan decir muchas cosas sobre la música, realmente no hay gran cosa que decir. Sin embargo hay mucho que sentir.
Oid música chicos, y nunca os canséis. Pues estareis oyendo una parte de lo más grande que ha hecho o hará jamás el ser humano.

"-¡Contemplad vuestra música! Este es vuestro canto y cada uno de vosotros encontrará en él, entre lo que os he propuesto, todas las cosas que en apariencia habéis inventado o añadido. Y tú, Melkor, descubrirás los pensamientos secretos de tu propia mente y entenderás que son sólo parte del todo y tributarios de su gloria."

¿Es realmente tan difícil de imaginar que un mundo esté hecho solamente de música?

martes, mayo 18, 2004

Revelación

Claro, no me extraña. Si es que soy un imbécil.
Me temo que esas líneas se quedarán en el cuaderno.

domingo, mayo 16, 2004

Caricias en la Oscuridad

Lo he visto. Por fín lo he visto. He estado toda mi puta vida quejándome de vicio. Lo sé. Ahora lo sé.

Ha sido un fin de semana increible. No me apetece ahora escribir una crónica sobre él, pero lo haré.

Ahora mismo estoy en ese estado mental tan sumamente desconocido para mí, tan alejado de mí persona, tan ansiado y buscado: en estos momentos, mientras escribo estas líneas, mientras la tierra sigue girando alrededor del sol, mientras las personas con las que comparto este planeta continúan con sus pequeñas tragedias y sus pequeñas comedias, mientras pasan tantas y tantas cosas... soy feliz. Soy feliz.

La vida no es más idílica, los problemas no han desaparecido, el mundo sigue siendo tremendamente injusto... y lo que siento no puede ser descrito más que por una mirada. No es que no me importe, simplemente no me toca. Ahora mismo soy el centro del huracán que es mi vida, soy el centro, soy el creador de mi mundo, de mi circunstancia... soy yo. Y estoy orgulloso de ello.

El mañana vendrá, sin duda, pero no me importa. Solamente está el momento presente. El pasado anda detrás de mí, y por primera vez, mi hombro va por delante de su mano. No me toca.... estoy solo, pero estoy tan acompañado... nunca más estaré solo.

Ahora sé lo que es esto. Ahora sé que de verdad hay esperanza. Ahora entiendo tantas y tantas cosas... ahora entiendo la frase "vive en el mundo, pero no dejes que el mundo viva en tí".

Siempre pensé que cuando este momento llegara, si llegaba, me desharía en lágrimas de gratitud. Y efectivamente siento gratitud, hacia mí, y hacia la Vida, pero no siento necesidad de llorar. No hace falta. Todo está bien... todo está en su sitio. Las piezas del gigantesco puzzle del universo se han colocado. No falta ninguna. Mañana seguramente se deshará, y será como si esto nunca hubiese existido... pero eso será mañana. Este momento es eterno.

¿Los artífices? El primero yo, que por vez primera he conseguido tener en cuenta todo lo bueno que hay en mi vida, que es mucho... muchísimo, en verdad mil veces más de lo que nunca habría pensado objetivamente. Y luego... personas que me han allanado el camino, de una u otra manera, cada uno a la suya. Amigos. Una chica con la que he compartido una mirada en el metro, un coche conducido por dos Amigos que me acercaba a mi pequeña y acogedora casita. El kebap de cordero que me espera en el sofá, al lado de mi guitarra española y mi flauta. La música... TODO.

Jamás volveré a dudar. Nada ha cambiado en el mundo. Sólo he cambiado yo. Y eso ha redibujado todo... todo. Caricias, caricias en la oscuridad. Ella volverá mañana. Mañana... mañana puedo tener una casa nueva. Mañana.... mañana tendré que ir a trabajar. Mañana... mañana tengo una partida de Llamada de Cthulhu. Mañana les volveré a ver. Mañana... mañana pasarán cosas. Pero no me preocupan, porque tanto si son buenas como si son malas... serán mañana.

Chicos, sí, vosotros... lo que daría por que estuviéseis aquí conmigo, para que pudiese compartir esto con vosotros.

Estoy perfectamente lúcido, como nunca. No he fumado nada y por mis venas ya no fluye alcohol. Escribo y escribo sin importarme el orden en que lo hago, la manera en que hilvano las ideas, las palabras que utilizo para intentar definir lo indefinible.

Es mi mérito, es mi éxito. Es mío. Y también vuestro. Por que sé que habéis ayudado a hacer que se convierta en realidad. El mundo ha dejado de ser una imagen difuminada a mi alrededor: estoy rodeado de realidad. Y es maravilloso.

Nunca volveré a dudar... gracias. Gracias a mí, a vosotros, al gran bromista que es el guionista de esta disparatada obra de teatro.

Acabo de acordarme de que tengo un teléfono móvil con una pequeña cámara de fotos. Miradme:


Este mi regalo. A lo mejor no es mucho, pero es lo más valioso que tengo.

sábado, mayo 15, 2004

Da Nicola

Hay lugares en los que se viven muchas situaciones, tantas que esos lugares pasan a ser parte nuestra. El restaurante Da Nicola es uno de esos sitios que comparten ese dudoso honor de formar parte del caos que soy como persona, pero también del cosmos de mis recuerdos. Y es que siempre he estado en ese restaurante con gente especial.

Ubiquémonos. Plaza de Mostenses, al lado de la Gran Vía madrileña. Hay un gran cartel rojo y amarillo que domina la plaza, y que reza, con vertical concisión, Da Nicola. El embaldosado dorado reviste los pasos de eco e importancia y dos puertas dobles acristaladas dan la bienvenida, junto con un espejo de pared que saluda desde la izquierda. Entremos.

Un techo alto, delicados arcos de pladur, mesas de madera y luz tenue. Una barra con personas aguardando a que el maitre les dé su mesa, mientras se toman una copa de cerveza. Sillones cómodos a la vista y al tacto en los que los futuros comensales pueden esperar igualmente a que les lleven a su mesa. Plantas verdes y un carro de flores completan el cuadro que se ve desde la puerta. Otros dos pasos adelante y la cocina queda a la vista, junto con los delicados y exquisitos postres que descansan en una iluminada vitrina. A la izquierda el salón para los no fumadores, al fondo, bajo los arcos blancos, delicadas volutas de humo saludan a los viciosos del tabaco. Sigamos adelante.

Nos sentamos. Cartas grandes y rojas nos aguardan llenas de exquisitos platos italianos. Si se ha olvidado las gafas, no se preocupes, que disponemos de varias de distintas graduaciones que ponemos a disposición de los clientes de forma gratuita. Pastas, pizzas, carpaccios, carnes rojas y postres de ensueño. Escogemos.

Un atento camarero se acerca con una frasca rectangular llena de líquido ambarino y diferentes plantas que parecen algas en un mar de oro líquido. Vierte en un platito y pone una cesta de pan de chapata al lado. Aceite con especias. Delicioso.

La comida transurrirá bajo delicadas luces indirectas, con las damas sentadas en los cómodos sillones mientras que los caballeros las observan sonriendo desde las funcionales sillas de madera. Las burbujas del Lambrusco se convertirán en pequeñas chispitas en los ojos de los comensales, los cuales no quedarán con hambre, sin duda, pero que deberán dejar sitio para el postre. Ésta es, sin duda, la guinda perfecta para el delicado pastel que es una cena aquí, antesala del infierno para un fraile, o del cielo para Zorba el griego. Pequemos pues, y vayamos a donde corresponda, que lo bailao no nos lo quitarán.

¿Un café? ¿Tal vez una infusión? Las servimos en cestas de mimbre y puede usted escoger a su antojo. Nosotros ponemos azúcar, taza, agua y tetera; usted ponga una sonrisa y ganas de volver.
Un sorbete de limón y se acaba la función. Vuelva usted pronto caballero, le atenderemos con esmero. Y si viene con pareja, no tendrá ninguna queja. Y no importa si son muchos, que en esto somos muy duchos. Venga en metro o caminando, le estaremos esperando.

No, no he fumado nada. Simplemente este restaurante es, además de un sitio donde se come muy bien y no es demasiado caro, el restaurante de las celebraciones, de los cumpleaños, de los aniversarios, el sitio dende llevo a las personas que sé que van a ser una buena compañía. Donde me acompañan las personas que se lo merecen. Y es que acabo de disfrutar de una agradable comida con dos chicas impresionantes. Y hace poco estuve con otra dama, para la que sencillamente no tengo palabras. El restaurante Da Nicola... está muy bien, pero si lo recuerdo es por las personas que me acompañaron, con las que he brindado por ellas, celebrando... simplememente que estaban allí conmigo.

viernes, mayo 14, 2004

Advanced Dungeons and Dragons

Dentro de unas horas tengo partida de AD&D (edición 3.5) en casa de unos amigos. Y tengo una extraña sensación, algo que nunca había sentido antes: es la primera vez que la perspectiva de jugar a rol me gusta menos que la de simplemente sentarme en el sofá, beber cerveza y ser bombardeado por millones de anécdotas y miles de fotos del evento Efeyl de turno.

Y es que AD&D no me ha llegado. Llevamos ya dos sesiones de juego en la cuales hemos estado a punto de fenecer miserablemente en cada combate, combates con un número igual o menos al nuestro de esqueletos de nivel uno. Y las sesiones han sido eso: combates. Simplemente. Patético.

Mi experiencia con AD&D me ha hecho pensar que es un sistema ideal para hacer videojuegos: Neverwinter Nights es unos de los mejores a los que he tenido el placer de jugar en muchísimo tiempo, y está integramente hecho sobre un manual de tercera edición del AD&D. Son muchas las horas que me he pasado machacando cráneos de orcos, desorejando gárgolas y mutilando liches en compañía de ese juego. Pero a la hora de jugarlo en mesa, lo siento, pero no lo acabo de ver. No, en realidad no lo siento: no lo acabo de ver. Me parece que chirría más que un seiscientos después de hacer un rally.

Nunca me han gustado los juegos de rol que dependían de un tablero para su buen funcionamiento. Yo disfrutaba como el que más jugando al Hero Quest y la Cruzada Estelar, y admito que un tablero con figuritas puede ser una ayuda para que los combates no sean un caos. Pero la dependencia de AD&D de ese artilugio cuadriculado, unida al hecho palpable de que es la versión en juego de rol de un Doom medieval-fantástico, y a que suele haber muy poco espacio para que el jugador rolee en aventuras normales, han conseguido la titánica tarea de que el que escribe se aburra en una sesión de rol. La atmósfera que rodea ese juego, el modus operandi de conseguir experiencia y subir niveles, y el porcentaje de la hoja de personaje dedicado a las dotes y características de combate, me comunican que en este juego no importa lo bien que sepas meterte en el personaje, ni siquiera el tipo de personaje que lleves, sino que el objetivo es la búsqueda de una combinación que haga parecer a Terminator una monjita de guardería. Combinación a gusto del consumidor, eso sí: el sistema permite llevar entes tan curiosos como un Gnomo pícaro-guerrero-mago. Y no es que esté embarcado en una cruzada contra el realismo, pero sí estoy a favor de una mínima credibilidad y de seriedad. Y AD&D no es ni creible ni serio.

Y es una pena, porque estoy seguro de que hay masters que se salen de la regla general y que, con una cantidad ingente de trabajo, hacen que AD&D se parezca, aunque sea mínimamente, a un juego de rol en vez de a un partido de rugbi en una feria medieval. Pero seguramente serán los menos, porque aquellos que quieran dirigir y/o rolear en un mundo de Fantasía Medieval tienen a su disposición cantidad de sistemas que satisfarán sus objetivos mil veces mejor que AD&D. Ha sido el único juego que ha conseguido que echase de menos los combates de MERP; tiene mérito.

Bueno, vamos a darle un último voto de confianza. Si esta sesión va como las anteriores voy a decir al master que no cuente conmigo para jugar mientras no cambie de tercio. Vamos, que no hay juegos interesantes, creativos, divertidos por ahí para que haya tenido que escoger precisamente Dungeons.

Esa es otra: el master no ha dirigido nunca AD&D.

domingo, mayo 09, 2004

Acerca del Arte

Anoche, en la fiesta de nuestro fantástico y nunca bien ponderado Moriarty, tuvo lugar un inicio de conversación entre tres amigos y yo. Conversación la cual giraba en torno a lo que es o no es arte. He tenido la suerte de hablar con varias personas sobre este tema a lo largo de los años, y siempre han resultado conversaciones muy interesantes, sobre todo con aquellas que habían estudiado Historia del Arte. En el otro extremo están aquellas que habían estudiado Bellas Artes, con las cuales, con una única excepción, nunca he conseguido sentar las bases para una discusión civilizada y enriquecedora cuando el tema a tratar es precisamente ese tan espinoso de definir qué es arte y qué no lo es.

Hace poco una buena amiga me comentó que para que dos personas se entendiesen era muy recomendable que las dos hablasen el mismo idioma. Y esta perla de sabiduría creo que es muy aplicable a este tema: cada persona tiene una concepción de lo que es el arte, aunque el mecanismo para definirla sea en muchos casos el de decir "esto no lo es". Yo voy a intentar plasmar aquí la mía.

Cuando veo un objeto delante de mí, de cualquier índole, y yo mismo u otra persona me pide una opinión acerca de ese objeto, lo que suelo hacer es desglosarlo en los siguientes valores:

- El valor estético: Para que yo catalogue a ese objeto como obra de arte tiene que tener un valor estético al que yo sea sensible. Dicho de otra manera, me tiene que gustar al primer vistazo superficial, sin que yo necesite saber vida, obra y milagros del autor.

- El valor plástico: La obra también debería ser un cristal que me permitiese ver el trabajo que ha sido necesario para hacerla. Cuando mirase esa obra me gustaría ver en ella incontables días y noches de insomnio y trabajo, y también la genialidad del autor al utilizar sus manos. Tanto este valor como el anterior podrían encuadrarse dentro de los valores "objetivos".

- El valor emocional: Un objeto estéticamente perfecto puede dejar indiferente al observador. Si quiere que le otorgue el galardón "Obra de Arte", ese objeto me tiene que conmover: tiene que despertar sentimientos dentro de mí.

- El valor moral: Muy parecido al anterior, pero con un matiz que lo hace distinto. Podríamos traducirlo como el "mensaje" o la "chicha" de la obra, lo que el autor quiere transmitir. Es decir, esa obra tendría que despertar en mí, no sentimientos como en el punto anterior, sino pensamientos. Estos dos valores son los puramente subjetivos, y dependen hasta cierto punto del conocimiento que el observador tenga del autor, de su vida, de sus objetivos, etc.

Bueno, en un alarde de egocentrismo sin precedentes voy a suponer que el valor de una obra de arte se divide en los cuatro valores que acabo de enumerar. Creo que cubren el espectro de posibilidades acerca del tema. Y voy a hacerlo porque creo que una de las razones por las que discutir de arte con una persona con distinta opinión a la tuya es nueve de cada diez veces tan estéril como hacerlo de política o de fútbol, es que cada cual otorga una importancia distinta a esos valores. Sobre todo a los subjetivos.

De esta manera nos encontraremos con personas para las que un árbol es una obra de arte, con enamorados de la fotografía, con apasionados de ciertos autores del arte contemporáneo, con estudiosos que se puede pasar horas mirando un Velázquez, o con... tantas otras personas que son sensibles a ciertas facetas de este diamante de mil caras que es el Arte. Es una pena que esa sensibilidad no se extienda a algo tan simple como conocer y aceptar la existencia de esas otras caras.

Creo que es precisamente esto lo que al Arte hace tan grande: si vendiesen en los kioscos un coleccionable "Haga una obra de arte en veinte cómodos pasos"... no sé, que mal rollo ¿no? El arte es fiel reflejo de la sociedad que lo ve nacer, es su hijo, su patrimonio. Y en esta época de la Globalización y de la Comunicación se ha diversificado hasta unos niveles nunca vistos antes.

Creo que en este tema, como en cualquiera que tenga un componente subjetivo, es básico el respeto a la opinión ajena y la consciencia de que ambas personas pueden tener razones sobradas para opinar como lo hacen. Pero yo, particularmente hablando, no entiendo cómo puede haber gente que vaya al Reina Sofía o al Pompidou a otra cosa que no sea reírse descaradamente de ese urinario que han colocado en un pedestal en el centro de la sala (verídico), y de los artefactos varios que hay colgados por las paredes.

Como valor plástico, esa escultura llamada la "Escalera-Rampa" que estuvo colocada en el centro de la rotonda del Parquesur, en Leganés, tenía el de las dos chapas oxidadas que el autor debió robar del almacén de chatarra de la fundición Aristráin, que está al lado. De valor estético tenía más o menos el mismo que un Dos Caballos de hace dos decenios al que le hubiera pasado una apisonadora por encima. El único valor que tenía podríamos decir que era emocional. Efectivamente, no dejaba indiferente al personal. Ha sido el único tema en el que todo el barrio del Carrascal ha estado de acuerdo en toda su historia: el odio común hacia la Escalera-Rampa. Y es que había que pasar frente a ella por huevos dos veces por día por lo menos. Luego nos enteramos que había constado treinta millones de los de hace diez años.

Lamento profundamente mi falta de sensibilidad para con la pobre Escalera-Rampa, que la única culpa que tiene es que su autor decidiera crearla. Pero es que ejemplifica exactamente lo que quiero decir: No le veo ningún valor estético (era fea como ella sola), ni plástico (eran dos chapas colocadas en forma de T que siempre estuvieron oxidadas, aun cuando la "escultura" era nueva técnicamente hablando), ni moral (no me dice nada, aparte de la hacerme consciente de que hay gente que tiene mucho morro suelta por el mundo). Claro que... vete a saber, a lo mejor es eso lo que busca el autor: hacer consciente a la gente de que hay otra gente que se está riendo de ellos en todo momento. Si es así, desde aquí me quito el sombrero y le mando felicitaciones: lo ha conseguido admirablemente bien.

Ahora bien, mañana llega un estudioso de ese autor, yo le suelto todas estas barrabasadas, el pobre tipo se echa las manos a la cabeza horrorizado, y pasa a explicarme por qué el autor decidió crear "eso". Y si me convence, la Escalera-Rampa pasará a estar al lado de la Gioconda en mi galería personal. No estoy cerrado a nada. Pero, sinceramente, lo dudo mucho. Como decía ayer, el Arte contemporáneo ha tendido a fomentar los valores subjetivos, emocional y moral, en detrimento de los "objetivos", estético y plástico. Y para mí estos dos últimos valores tiene bastante importancia, tanto como los otros dos, aunque depende de cómo me levante y del humor que tenga: había veces en que la Escalera-Rampa me parecía tremendamente fea, y había otras en las que directamente me parecía absolutamente horripilante. Y mi ánimo en una sala cualquiera del Reina Sofía puede oscilar entre la carcajada más absoluta o la indignación más deprimente.

Como decía, para mí los valores estético y plástico son importantes en una obra de arte. Pero comprendo y entiendo que haya gente que les dé poca importancia, o que directamente los obvie por completo, en aras de un mensaje impresionante, tanto que a veces el título son dos o incluso tres líneas (verídico de nuevo). Yo, cuando leo en la aséptica tarjetita blanca de turno "Cortejo De Dos Enamorados A La Luz De La Luna De Abril", aspiro a ver algo más que dos líneas verticales ocupando el centro del cuadro y un circulito blanco en la esquina superior derecha. Pero comprendo que haya gente cuya sensibilidad le permita equiparar ese cuadro a "La Primavera" de Boticelli. Yo, por desgracia, no puedo. Y es una pena, por que estoy íntimamente convencido de que el Arte está a nuestro alrededor, que forma parte de nosotros.

En serio, a mí me gustaría ir por la calle, encontrarme con un buzón de correos, y ser capaz de quedarme horas y horas mirándolo y deleitándome en sus delicadas líneas (si es de los redondos; si es de los cuadrados entonces serían serias y adustas líneas), en su color lleno de vida, y en los sentimientos que despierta en mí el ser consciente del objetivo último de buzón, simple recipiente de enlatados recortes de los periódicos que somos las personas. Un poeta extremadamente sensible podría hacer una "Oda al Buzón", y si es un buen poeta y lo que ha hecho me gusta, le aplaudiría sin dudarlo. Me gustaría poder quedarme mirando un paso de cebra de la misma manera que a veces me quedo contemplando un árbol o una flor. Viviría maravillado todo el día, porque esta sociedad otra cosa no, pero objetos llamativos y de reclamo tiene más de los que nunca ha tenido en cualquier punto de su historia.

Resumiendo: manifiesto que una obra de arte tiene que tener valores estético y plástico en la misma proporción que valores emocional y moral. Si falta alguno, lo lamento, pero seguramente ese objeto me deje frío y lo olvide. Salvo que sea, por supuesto, algo tan horrendo como la Escalera-Rampa.


Bueno, este post va dedicado a Gorpik, que se queja de que últimamente no se entera de lo que escribo.
Un abrazo tío.

viernes, mayo 07, 2004

No tengo palabras...

...para esta niña. Nunca pensé que algo tan maravilloso pudiera pasarme, pero ¡qué ostias!, ya era hora. Pienso disfrutar cada momento que pase con ella. Estoy empezando a sentir algo más profundo. Y es maravilloso. A disfrutar, que esto son cuatro días.

miércoles, mayo 05, 2004

A una buena amiga

Morena, eres noche de verano.
Bella, eres modelo de pintor.
Cálida, eres hoguera, calor.
Cercana, cercana como un hermano.

Desde mis sueños, desde allí te llamo.
Desde la vigilia, traba el honor.
Desde el deseo provocas dolor.
Desde tu ausencia, es el páramo llano.

Ante tu gran grandeza soy novicio.
No me queda tenerte salvo en sueños
Tu mente, inmensa, pierde a mi juicio.

Tus ojos, maravillosos, de ensueño.
Tus labios dulces, suaves, son el vicio.
Tu cuerpo, tu piel, tu pelo, mis dueños.

lunes, mayo 03, 2004

Tengo un amigo que...

...es especial en todos los sentidos.
El decir que alguien es especial es algo que va conmigo, como si dijéramos, pues suelo tener éxito en la tirada de la habilidad "encontrar razones para diferenciar a este sujeto del resto del universo", enmarcada en la curiosa y variopinta hoja de personaje que es mi mente.

Sin embargo, esta persona se ha desmarcado por sus propios méritos de la idea que tengo de normalidad (conjuntos de reacciones y pautas de comportamiento que se reproducen con la mayor frecuencia en mis círculos de amistades), llegando al punto de que he tenido que abrir un nuevo apartado para poder entenderle mínimamente. Solamente por eso ya le haría merecedor de una habitación con jacuzzi y bellas odaliscas en el gran Hotel de mis Recuerdos. Me gusta la gente que aporta cosas nuevas a mi vida.

Sin embargo, la otra noche en una fiesta, me hizo un regalo inesperado: se me acercó y me dijo "Ahora que estamos tu y yo, en confianza...", y se interesó por mí, y por mi ánimo. Estuvimos hablando un poco y él, aparte de escucharme (nuevo punto a favor, no se encuentra eso en todas partes), me comentó su opinión acerca de lo que me pasaba de una forma respetuosa y, hasta cierto punto, cariñosa. Le conozco desde hace poco, pero ese par de páginas que he pasado del gigantesco libro que es él no me habían dado la idea de que el respeto y el cariño tuvieran lugar entre la aguda inteligencia, la profundidad de análisis, el mordaz sentido del humor, la inagotable capacidad inventiva, y la eventual mala leche, las cuales son algunos de los principales sillares que conforman el inmenso castillo de su personalidad. Me sorpredió... muy gratamente.
Es descubrir estas cosas lo que te devuelve la fe en las personas. Que falta me hace, todo sea dicho.

Gracias por preocuparte. No lo olvidaré.